12. LA PAZ
La paz es el fruto de la sana convivencia entre los seres humanos.
Para hacerla posible es necesario un ordenamiento social justo,en el que todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades de desarrollarse como personas y les sean respetados sus derechos fundamentales. Los que practican la paz saben que ésta no es simplemente la ausencia de conflictos, pues los hombres siempre han sido y serán conflictivos, sino la capacidad de manejar dichos conflictos y superarlos por medio de métodos no violentos como la protesta pacífica, el diálogo y la negociación.
Muchas veces habrás oído hablar de la paz: hay hombres que claman por la paz, hay naciones que quieren la paz.
Pero, ¿qué es y cómo se encuentra? Esa palabra corta sirve para dar nombre a algo muy importante y difícil de conseguir. La historia del hombre parece más una historia de las guerras que una historia de la paz.¿Por qué? Si las guerras son tan terribles, si sólo traen dolor, muerte, separación familiar...y, en cambio, la paz es el triunfo de la vida. Es un estado de justicia y solidaridad, donde se hace todo lo posible por construir un mundo mejor.
Es sinónimo de amor, de tolerancia, de calor de hogar.
PARA VIVIR EN PAZ...
• Fomentemos el conocimiento y la confianza en nuestras relaciones con los demás.
• Reaccionemos con calma, serenidad y firmeza frente a las agresiones.
• Reconozcamos la dignidad y los derechos de todos los seres humanos por igual.
EL TIGRE Y EL JABALÍ
Un fuerte verano arreciaba en las planicies africanas y los animales andaban de un lado a otro en busca de agua para calmar la sed. Luego de varias horas de fatigosa marcha, un tigre y un jabalí llegaron por distintos caminos a la misma fuente de agua.
En cuanto se vieron, se lanzaron rugidos de guerra, y olvidándose por completo de la cortesía y los buenos modales, corrieron hacia la fuente con la intención de beber cada uno, primero que el otro, todo el líquido que les cupiera. El jabalí llegó antes que el tigre, pero en cuanto se disponía a beber el tigre lo alcanzó y lo derribó de un zarpazo. Enfurecido, el cerdo salvaje se le enfrentó al felino y los dos se trabaron en un feroz combate. Luego de un buen rato de rasguñarse y morderse mutuamente, causándose toda clase de heridas, ambas fieras se sintieron cansadas y se separaron por un momento. Entonces descubrieron que una bandada de aves rapaces hambrientas en unos árboles cercanos aguardaban a que una de las dos cayera derrotada para lanzarse a devorarla. Como no estaban seguros de cual de los dos iba a sobrevivir, ya que el combate estaba muy parejo, el tigre y el jabalí tomaron la inteligente decisión de dejar de pelear para ir a beber juntos en la fuente, pues al fin y al cabo había sitio para los dos.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31)
Que Dios te bendiga.
Un abrazo
Tu Amigo: Carlos Félix.
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LOS VALORES MORALES
martes, 13 de mayo de 2008
13. LA PERSEVERANCIA
13. LA PERSEVERANCIA
Acción y efecto de perseverar. Constancia en la virtud y mantener la gracia hasta la muerte.
La perseverancia es el aliento o la fuerza interior que nos permite llevar a buen término las cosas que emprendemos. Los que son perseverantes tienen una alta motivación y un profundo sentido de compromiso que les impide abandonar las tareas que comienzan, y los anima a trabajar hasta el final. Para ser perseverante es una gran ayuda ser también disciplinados y decididos. La perseverancia es una cualidad común de las personas de carácter sólido, muchas de ellas líderes en su campo de acción, que lejos de amilanarse frente a las dificultades o a la adversidad, se engrandecen y redoblan sus esfuerzos, con gran determinación, para conseguir los objetivos que se han fijado.
PARA SER PERSEVERANTES...
• Ejercitemos diariamente nuestra fuerza de voluntad luchando contra la pereza, la negligencia y el descuido.
• Formemos en los niños y niñas una gran disciplina para que puedan persistir en sus deseos, fortaleza de carácter para que no se derrumben frente a los obstáculos y una buena dosis de claridad que les permita comprender que en un mundo donde la competencia es tan grande sólo tienen éxito quienes más se preparan y más persistencia tienen.
LA NIÑA DE LAS ESTRELLAS
Había una vez en una aldea una niña que, en cuanto comenzaba a caer la noche, levantaba los ojos al cielo y se quedaba lela mirando las estrellas. Pasaba así largos espacios de tiempo. Se olvidaba de todo, su mirada y sus pensamientos se perdían en el firmamento, deseando tener una de esas lucecitas titilando en sus manos.
Una cálida noche de verano, estando en su cuarto, cuando ya era hora de dormir, se asomó a la ventana para ver las estrellas antes de irse a la cama. Esa noche la Vía Láctea brillaba con más esplendor que nunca y su deseo de alcanzarlas se volvió incontenible.
Entonces abrió la ventana, se deslizó sigilosamente hacia el jardín, abrió la verja sin hacer ruido y echó a andar. Caminó largamente por valles y montañas hasta que encontró un riachuelo.
-Buenas noches, riachuelo –lo saludó.-
¿Has visto alguna estrella por aquí?
Me encantan las estrellas, me muero de ganas por tocarlas y poder jugar con ellas.
-Claro que sí –repuso el riachuelo-.
¿No ves que su brillo no me deja dormir?
Pasan toda la noche en mis aguas.
La niña se metió al riachuelo y chapoteó por todas partes pero no encontró estrella alguna.
-Perdón, riachuelo –dijo la niña, mientras se secaba después de salir del agua-, pero creo que en tus aguas no hay ni una sola estrella.
-Pero ¿qué dices, muchachita? –exclamó el riachuelo, disgustado-.
Hay muchas estrellas aquí. Todas las noches las veo.
¿No te digo que no me dejan dormir? ¡Tengo tantas estrellas que no se qué hacer con ellas! .
Y el riachuelo, renegando, siguió su curso hasta olvidarse de la niña. Ella se alejó sin hacer ruido y continuó su camino. Al cabo de un largo rato se sentó a descansar a los pies de una colina. Cuando menos pensó, el prado estaba lleno de cientos de pequeñas hadas que habían llegado a bailar.
-Buenas noches, pequeñas hadas –dijo la niña-. ¿Han visto alguna estrella por aquí? Me encantan las estrellas, me muero de ganas por tocarlas y poder jugar con ellas.
-Por supuesto –cantaron las hadas-, brillan toda la noche entre las briznas de hierba. Ven a bailar con nosotras y encontrarás todas las que quieras.
De manera que la niña bailó durante horas, aprendió los secretos pasos de baile de las pequeñas hadas, hasta que, rendida por el cansancio, se desplomó, sin llegar a ver la primera estrella.
-Algo muy dentro de mí me dice que las pequeñas hadas son las únicas que me pueden ayudar a alcanzar las estrellas –les dijo la niña mirándolas a todas, una por una.
-Si estás realmente decida, debes preservar y seguir adelante -le dijo una de las pequeñas hadas-, sólo tienes que buscar la escalera sin peldaños y ella te conducirá a las estrellas.
La niña reanudó la marcha, subió montañas, bordeó abismos, atravesó desiertos y transitó oscuros caminos indagando por la escalera sin peldaños. Al fin una gaviota la condujo al arco iris y la niña comenzó a escalar, pero avanzaba con mucha lentitud porque continuamente se resbalaba y retrocedía. Al fin llegó arriba y pudo ver las estrellas. Maravillada, estiró su mano para tratar de alcanzarlas, y cogió una estrella fugaz que la haló con tanta fuerza que la arrastró volando hacia el cielo. La niña no supo más hasta el día siguiente cuando, al despertarse en su cama, descubrió un grano de polvo de estrellas que centelleaba sobre la palma de su mano.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31)
Que Dios te bendiga.
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Acción y efecto de perseverar. Constancia en la virtud y mantener la gracia hasta la muerte.
La perseverancia es el aliento o la fuerza interior que nos permite llevar a buen término las cosas que emprendemos. Los que son perseverantes tienen una alta motivación y un profundo sentido de compromiso que les impide abandonar las tareas que comienzan, y los anima a trabajar hasta el final. Para ser perseverante es una gran ayuda ser también disciplinados y decididos. La perseverancia es una cualidad común de las personas de carácter sólido, muchas de ellas líderes en su campo de acción, que lejos de amilanarse frente a las dificultades o a la adversidad, se engrandecen y redoblan sus esfuerzos, con gran determinación, para conseguir los objetivos que se han fijado.
PARA SER PERSEVERANTES...
• Ejercitemos diariamente nuestra fuerza de voluntad luchando contra la pereza, la negligencia y el descuido.
• Formemos en los niños y niñas una gran disciplina para que puedan persistir en sus deseos, fortaleza de carácter para que no se derrumben frente a los obstáculos y una buena dosis de claridad que les permita comprender que en un mundo donde la competencia es tan grande sólo tienen éxito quienes más se preparan y más persistencia tienen.
LA NIÑA DE LAS ESTRELLAS
Había una vez en una aldea una niña que, en cuanto comenzaba a caer la noche, levantaba los ojos al cielo y se quedaba lela mirando las estrellas. Pasaba así largos espacios de tiempo. Se olvidaba de todo, su mirada y sus pensamientos se perdían en el firmamento, deseando tener una de esas lucecitas titilando en sus manos.
Una cálida noche de verano, estando en su cuarto, cuando ya era hora de dormir, se asomó a la ventana para ver las estrellas antes de irse a la cama. Esa noche la Vía Láctea brillaba con más esplendor que nunca y su deseo de alcanzarlas se volvió incontenible.
Entonces abrió la ventana, se deslizó sigilosamente hacia el jardín, abrió la verja sin hacer ruido y echó a andar. Caminó largamente por valles y montañas hasta que encontró un riachuelo.
-Buenas noches, riachuelo –lo saludó.-
¿Has visto alguna estrella por aquí?
Me encantan las estrellas, me muero de ganas por tocarlas y poder jugar con ellas.
-Claro que sí –repuso el riachuelo-.
¿No ves que su brillo no me deja dormir?
Pasan toda la noche en mis aguas.
La niña se metió al riachuelo y chapoteó por todas partes pero no encontró estrella alguna.
-Perdón, riachuelo –dijo la niña, mientras se secaba después de salir del agua-, pero creo que en tus aguas no hay ni una sola estrella.
-Pero ¿qué dices, muchachita? –exclamó el riachuelo, disgustado-.
Hay muchas estrellas aquí. Todas las noches las veo.
¿No te digo que no me dejan dormir? ¡Tengo tantas estrellas que no se qué hacer con ellas! .
Y el riachuelo, renegando, siguió su curso hasta olvidarse de la niña. Ella se alejó sin hacer ruido y continuó su camino. Al cabo de un largo rato se sentó a descansar a los pies de una colina. Cuando menos pensó, el prado estaba lleno de cientos de pequeñas hadas que habían llegado a bailar.
-Buenas noches, pequeñas hadas –dijo la niña-. ¿Han visto alguna estrella por aquí? Me encantan las estrellas, me muero de ganas por tocarlas y poder jugar con ellas.
-Por supuesto –cantaron las hadas-, brillan toda la noche entre las briznas de hierba. Ven a bailar con nosotras y encontrarás todas las que quieras.
De manera que la niña bailó durante horas, aprendió los secretos pasos de baile de las pequeñas hadas, hasta que, rendida por el cansancio, se desplomó, sin llegar a ver la primera estrella.
-Algo muy dentro de mí me dice que las pequeñas hadas son las únicas que me pueden ayudar a alcanzar las estrellas –les dijo la niña mirándolas a todas, una por una.
-Si estás realmente decida, debes preservar y seguir adelante -le dijo una de las pequeñas hadas-, sólo tienes que buscar la escalera sin peldaños y ella te conducirá a las estrellas.
La niña reanudó la marcha, subió montañas, bordeó abismos, atravesó desiertos y transitó oscuros caminos indagando por la escalera sin peldaños. Al fin una gaviota la condujo al arco iris y la niña comenzó a escalar, pero avanzaba con mucha lentitud porque continuamente se resbalaba y retrocedía. Al fin llegó arriba y pudo ver las estrellas. Maravillada, estiró su mano para tratar de alcanzarlas, y cogió una estrella fugaz que la haló con tanta fuerza que la arrastró volando hacia el cielo. La niña no supo más hasta el día siguiente cuando, al despertarse en su cama, descubrió un grano de polvo de estrellas que centelleaba sobre la palma de su mano.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31)
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14. LA PRUDENCIA
14. LA PRUDENCIA
Una de las cuatros virtudes cardinales, que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguir o huir de ello. Templanza, cautela, moderación, sensatez, buen juicio.
La prudencia es la virtud que nos impide comportarnos de manera ciega e irreflexiva en las múltiples situaciones que debemos sortear en la vida. Una persona prudente se caracteriza por su cautela al actuar, la cual es resultado del alto valor que le da a su propia vida, a la de los demás y en general a todas las cosas que vale la pena proteger.
Es así como nunca se atrevería a poner en riesgo su bienestar o el de sus seres queridos, lo mismo que su salud, su seguridad o su estabilidad.
Las personas prudentes se reconocen también porque saben cuándo hablar y cuándo callar, y cuándo actuar o abstenerse de actuar. Tal sentido de la moderación y el equilibrio es uno de los legados más valiosos que heredamos de los filósofos antiguos, para quienes la prudencia era la más auténtica expresión de la sabiduría natural de la vida.
PARA SER PRUDENTES...
• Evitemos tomar al pie de la letra todo lo que leemos o lo que oímos.
• Tratemos siempre de pensar antes de actuar.
• Seamos discretos. Tomemos como regla el no hablar más de la cuenta en ninguna circunstancia.
LA CAÍDA DEL ÍCARO
Dédalo fue uno de los más ingeniosos y solicitados constructores de la antigua Grecia. A su famoso taller de Atenas acudían los más variados personajes en busca de soluciones para los problemas relacionados con su oficio.
Dédalo encontraba la manera de que su trabajo fuera más productivo, más rápido y menos duro. Durante años no hubo quien lo igualara y su prestigio se extendió por todas las islas griegas.
Un día su hermana Policasta le pidió que admitiera a su hijo Talos como aprendiz en el taller. Dédalo accedió y tomó a Talos bajo su mando. El sobrino de Dédalo pronto se reveló como un inventor genial. Su inteligencia era muy superior a la de Ícaro, lo cual avergonzó mucho al viejo inventor e hizo que sintiera por Talos una gran aversión.
Las cosas empeoraron cuando Talos empezó a superar a su maestro y los atenienses se dieron cuenta de la genialidad de este muchacho de doce años que ya había inventado la sierra para los carpinteros, el torno para los alfareros y muchas cosas más. Enloquecido por la envidia, Dédalo mató a Talos.
Esto fue una gran tragedia para la ciudad de Atenas, Dédalo e Ícaro fueron expulsados de la ciudad y tuvieron que buscar refugio en la isla de Creta, donde el Rey Minos los acogió y puso a Dédalo a trabajar para él.
Su primer gran encargo fue un laberinto para encerrar al minotauro, un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro al que Minos le ofrendaba sacrificios. Dédalo construyó un complicadísimo laberinto del que no pudieron escapar ninguna de las víctimas de Minos, hasta que Teseo lo recorrió para salvar a su amada Ariadna y mató al monstruo. Enfurecido por el fracaso de Dédalo, Minos lo mandó a encarcelar junto con su hijo.
En su obsesión por escapar, Dédalo construyó dos pares de alas para él y para Ícaro, de manera que pudieran abandonar la isla por aire. Las alas estaban hechas de plumas sobre un armazón de cera.
El día planeado para la huída Dédalo le pidió a Ícaro que fuera muy prudente, que no volara ni demasiado cerca del sol ni demasiado cerca del mar.
Las alas funcionaron muy bien y padre e hijo lograron escapar de Creta. Pero cuando se encontraban en alta mar, Ícaro, olvidando las recomendaciones de su padre, quiso saber hasta dónde podría elevarse con sus alas y tomó tanta altura que el sol derritió la cera que sostenía las plumas y el imprudente muchacho se precipitó en el mar.
Desconsolado Dédalo comprendió que este era el precio que debía pagar por su soberbia y por sus crímenes.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31)
Que Dios te bendiga.
Un abrazo
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Una de las cuatros virtudes cardinales, que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguir o huir de ello. Templanza, cautela, moderación, sensatez, buen juicio.
La prudencia es la virtud que nos impide comportarnos de manera ciega e irreflexiva en las múltiples situaciones que debemos sortear en la vida. Una persona prudente se caracteriza por su cautela al actuar, la cual es resultado del alto valor que le da a su propia vida, a la de los demás y en general a todas las cosas que vale la pena proteger.
Es así como nunca se atrevería a poner en riesgo su bienestar o el de sus seres queridos, lo mismo que su salud, su seguridad o su estabilidad.
Las personas prudentes se reconocen también porque saben cuándo hablar y cuándo callar, y cuándo actuar o abstenerse de actuar. Tal sentido de la moderación y el equilibrio es uno de los legados más valiosos que heredamos de los filósofos antiguos, para quienes la prudencia era la más auténtica expresión de la sabiduría natural de la vida.
PARA SER PRUDENTES...
• Evitemos tomar al pie de la letra todo lo que leemos o lo que oímos.
• Tratemos siempre de pensar antes de actuar.
• Seamos discretos. Tomemos como regla el no hablar más de la cuenta en ninguna circunstancia.
LA CAÍDA DEL ÍCARO
Dédalo fue uno de los más ingeniosos y solicitados constructores de la antigua Grecia. A su famoso taller de Atenas acudían los más variados personajes en busca de soluciones para los problemas relacionados con su oficio.
Dédalo encontraba la manera de que su trabajo fuera más productivo, más rápido y menos duro. Durante años no hubo quien lo igualara y su prestigio se extendió por todas las islas griegas.
Un día su hermana Policasta le pidió que admitiera a su hijo Talos como aprendiz en el taller. Dédalo accedió y tomó a Talos bajo su mando. El sobrino de Dédalo pronto se reveló como un inventor genial. Su inteligencia era muy superior a la de Ícaro, lo cual avergonzó mucho al viejo inventor e hizo que sintiera por Talos una gran aversión.
Las cosas empeoraron cuando Talos empezó a superar a su maestro y los atenienses se dieron cuenta de la genialidad de este muchacho de doce años que ya había inventado la sierra para los carpinteros, el torno para los alfareros y muchas cosas más. Enloquecido por la envidia, Dédalo mató a Talos.
Esto fue una gran tragedia para la ciudad de Atenas, Dédalo e Ícaro fueron expulsados de la ciudad y tuvieron que buscar refugio en la isla de Creta, donde el Rey Minos los acogió y puso a Dédalo a trabajar para él.
Su primer gran encargo fue un laberinto para encerrar al minotauro, un monstruo con cuerpo de hombre y cabeza de toro al que Minos le ofrendaba sacrificios. Dédalo construyó un complicadísimo laberinto del que no pudieron escapar ninguna de las víctimas de Minos, hasta que Teseo lo recorrió para salvar a su amada Ariadna y mató al monstruo. Enfurecido por el fracaso de Dédalo, Minos lo mandó a encarcelar junto con su hijo.
En su obsesión por escapar, Dédalo construyó dos pares de alas para él y para Ícaro, de manera que pudieran abandonar la isla por aire. Las alas estaban hechas de plumas sobre un armazón de cera.
El día planeado para la huída Dédalo le pidió a Ícaro que fuera muy prudente, que no volara ni demasiado cerca del sol ni demasiado cerca del mar.
Las alas funcionaron muy bien y padre e hijo lograron escapar de Creta. Pero cuando se encontraban en alta mar, Ícaro, olvidando las recomendaciones de su padre, quiso saber hasta dónde podría elevarse con sus alas y tomó tanta altura que el sol derritió la cera que sostenía las plumas y el imprudente muchacho se precipitó en el mar.
Desconsolado Dédalo comprendió que este era el precio que debía pagar por su soberbia y por sus crímenes.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31)
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15. EL RESPETO
15. EL RESPETO
El respeto es la base fundamental para la convivencia sana y pacífica entre los miembros de una sociedad. Para practicarlo es preciso tener una clara noción de los derechos fundamentales de cada persona, entre los que se destaca el derecho a la vida, además de otros tan importantes como el derecho a disfrutar de la libertad, disponer de la pertenencias o proteger la intimidad, por solo citar algunos entre los muchos derechos sin las cuales es imposible vivir con orgullo y dignidad.
El respeto abarca todas las esferas de la vida, empezando por el que nos debemos a nosotros mismos y a todos nuestros semejantes, hasta el que le debemos al medio ambiente, a los seres vivos y a la naturaleza en general, sin olvidar el respeto a las leyes, a las normas sociales, a la memoria de los antepasados y a la patria en que nacemos.
PARA SER RESPETUOSOS...
• Tratemos a los demás con la misma consideración con que nos gustaría ser tratados.
• Valoremos y protejamos todo aquello que nos produzca admiración.
LA MESITA DE LA ABUELA
Una señora que había vivido toda la vida con su marido quedó viuda cuando estaba próxima a cumplir los 80 años. Sus hijos, que desde hacía tiempo se habían independizado y tenían cada uno su propia familia, se reunieron para decidir ¿qué hacer? todos estaban de acuerdo en que no podía dejarla sola, pero ninguno quería llevarla a vivir a su casa. La idea de llevarla a un hogar de ancianos también fue descartada, pues todos alegaron no contar con el dinero suficiente para pagar las mensualidades. Ya estaban a punto de pelearse, cuando intervino la nieta preferida de la señora, una encantadora niñita de cuatro años, hija del menor de los hijos, y dijo que ella quería que la abuelita se fuera a vivir a su casa. Ninguno se atrevió a decir que no, pues la niñita era la adoración de toda la familia, y además la abuela estaba presente cuando la pequeña hizo su ofrecimiento.
De modo que los padres de la niña no tuvieron más remedio que llevarse a vivir a la abuela con ellos. Desde la muerte de su esposo el ánimo de la señora había decaído mucho y su salud había empezado a deteriorarse rápidamente. No veía ni oía bien, y las manos le temblaban continuamente. Su hijo y su nuera no le tenían la más mínima paciencia, y en todo momento la regañaban y la hacían sentir torpe e inútil. Con frecuencia le gritaban, y a veces incluso la tomaban de los hombros y la sacudían, reprochándole sus achaques.
La falta de consideración por la señora llegó a su punto máximo cuando decidieron instalarle una mesita en un rincón del comedor, para no tener que verla temblequeando y dejando caer gotas de sopa o granos de arroz sobre el mantel. Un día, al llegar del trabajo, el padre encontró a su hija tratando de construir algo con sus bloques de madera de juguete. Cuando le preguntó que estaba haciendo, la niña le contestó inocentemente:
Estoy construyendo una mesita para que tú y mamá coman cuando estén viejos.
Al oír a su hija hablar así, al hombre se le encogió el corazón y corrió a contarle a su esposa, con lágrimas en los ojos, lo que la niña acababa de decir.
Desde entonces la abuela volvió a tener un lugar en la mesa, y fue tratada por su hijo y su nuera con el respeto que se merecía.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31)
Que Dios te bendiga.
Un abrazo
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El respeto abarca todas las esferas de la vida, empezando por el que nos debemos a nosotros mismos y a todos nuestros semejantes, hasta el que le debemos al medio ambiente, a los seres vivos y a la naturaleza en general, sin olvidar el respeto a las leyes, a las normas sociales, a la memoria de los antepasados y a la patria en que nacemos.
PARA SER RESPETUOSOS...
• Tratemos a los demás con la misma consideración con que nos gustaría ser tratados.
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LA MESITA DE LA ABUELA
Una señora que había vivido toda la vida con su marido quedó viuda cuando estaba próxima a cumplir los 80 años. Sus hijos, que desde hacía tiempo se habían independizado y tenían cada uno su propia familia, se reunieron para decidir ¿qué hacer? todos estaban de acuerdo en que no podía dejarla sola, pero ninguno quería llevarla a vivir a su casa. La idea de llevarla a un hogar de ancianos también fue descartada, pues todos alegaron no contar con el dinero suficiente para pagar las mensualidades. Ya estaban a punto de pelearse, cuando intervino la nieta preferida de la señora, una encantadora niñita de cuatro años, hija del menor de los hijos, y dijo que ella quería que la abuelita se fuera a vivir a su casa. Ninguno se atrevió a decir que no, pues la niñita era la adoración de toda la familia, y además la abuela estaba presente cuando la pequeña hizo su ofrecimiento.
De modo que los padres de la niña no tuvieron más remedio que llevarse a vivir a la abuela con ellos. Desde la muerte de su esposo el ánimo de la señora había decaído mucho y su salud había empezado a deteriorarse rápidamente. No veía ni oía bien, y las manos le temblaban continuamente. Su hijo y su nuera no le tenían la más mínima paciencia, y en todo momento la regañaban y la hacían sentir torpe e inútil. Con frecuencia le gritaban, y a veces incluso la tomaban de los hombros y la sacudían, reprochándole sus achaques.
La falta de consideración por la señora llegó a su punto máximo cuando decidieron instalarle una mesita en un rincón del comedor, para no tener que verla temblequeando y dejando caer gotas de sopa o granos de arroz sobre el mantel. Un día, al llegar del trabajo, el padre encontró a su hija tratando de construir algo con sus bloques de madera de juguete. Cuando le preguntó que estaba haciendo, la niña le contestó inocentemente:
Estoy construyendo una mesita para que tú y mamá coman cuando estén viejos.
Al oír a su hija hablar así, al hombre se le encogió el corazón y corrió a contarle a su esposa, con lágrimas en los ojos, lo que la niña acababa de decir.
Desde entonces la abuela volvió a tener un lugar en la mesa, y fue tratada por su hijo y su nuera con el respeto que se merecía.
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16. LA RESPONSABILIDAD
16. LA RESPONSABILIDAD
La responsabilidad es la conciencia acerca de las consecuencias que tiene todo lo que hacemos y dejamos de hacer sobre nosotros mismos o sobre los demás. En el campo del estudio o del trabajo, por ejemplo, el que es responsable lleva a cabo sus tareas con diligencia, seriedad y prudencia porque sabe que las cosas deben hacerse bien desde el principio hasta el final y que solo así se saca verdadera enseñanza y provecho de ellas. Un trabajo bien hecho y entregado a tiempo es sinónimo de responsabilidad. La responsabilidad garantiza el cumplimiento de los compromisos adquiridos y genera confianza y tranquilidad entre las personas.
Por el hecho de vivir en sociedad, crecemos y nos desarrollamos sobre la base de objetivos comunes, como la convivencia y el bienestar.
Las libertades de que gozamos van acompañadas de los deberes que, desde niños, vamos asumiendo. Cuando somos responsables logramos algo muy preciado: la confianza en nosotros mismos y la que nos otorgan los demás.
PARA SER RESPONSABLES...........
•Reflexionemos seriamente antes de tomar cualquier decisión que pueda afectar nuestra propia vida o la de otros.
•Asumamos las consecuencias de nuestros actos.
•Respondamos por lo que hacemos, tanto si está bien hecho como si no.
•Reconozcamos los errores que cometemos y mostrémonos dispuestos a repararlos.
LA LIEBRE Y LA TORTUGA
Una liebre se encontró un día con una tortuga que subía lentamente por la falda de una montaña. Al verla, se aproximó a toda velocidad hacia ella y paró en seco en frente suyo.
¡Vaya manera de caminar! ¡Si ni siquiera parece que te movieras! se burló la liebre, con aire de suficiencia.
Yo de ti no me reiría contestó la tortuga, con tranquilidad.
Si quieres apostamos una carrera hasta ese estanque de patos añadió, desafiante.
Estás completamente loca exclamó la liebre, estallando en frenéticas carcajadas. Nunca podrías ganarme.
Y para que todo sea legal, nombraremos al zorro como juez de la carrera propuso la tortuga.
Como quieras contestó la liebre, sin parar de reír. Mandaron a buscar al zorro, que era un experto en esta clase de asuntos. El zorro dispuso todo para la carrera y dio la largada. La liebre arrancó como una exhalación y en pocos segundos se perdió de vista. La tortuga, sin dejarse impresionar, avanzó con su paso natural.
Luego de avanzar un buen tramo y en cuanto divisó la meta en lo alto de la montaña, la liebre dio la carrera por ganada y le restó toda la importancia. Tan segura estaba de ser la triunfadora que se dijo:
Un poco de sueño no me caería mal y se echó a dormir, no sin antes haraganear un rato por ahí.
La tortuga, entre tanto mantuvo firme y constante su paso.
Cuando la liebre despertó y se dispuso a correr hasta la meta, ya la tortuga había llegado y el zorro la declaraba ganadora, en medio de los aplausos de la multitud de animales que se había reunido para ver el final de la carrera.
Te dormiste sobre los laureles le dijo el zorro a la liebre, al verla consternada y todavía sin salir de su asombro.
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Por el hecho de vivir en sociedad, crecemos y nos desarrollamos sobre la base de objetivos comunes, como la convivencia y el bienestar.
Las libertades de que gozamos van acompañadas de los deberes que, desde niños, vamos asumiendo. Cuando somos responsables logramos algo muy preciado: la confianza en nosotros mismos y la que nos otorgan los demás.
PARA SER RESPONSABLES...........
•Reflexionemos seriamente antes de tomar cualquier decisión que pueda afectar nuestra propia vida o la de otros.
•Asumamos las consecuencias de nuestros actos.
•Respondamos por lo que hacemos, tanto si está bien hecho como si no.
•Reconozcamos los errores que cometemos y mostrémonos dispuestos a repararlos.
LA LIEBRE Y LA TORTUGA
Una liebre se encontró un día con una tortuga que subía lentamente por la falda de una montaña. Al verla, se aproximó a toda velocidad hacia ella y paró en seco en frente suyo.
¡Vaya manera de caminar! ¡Si ni siquiera parece que te movieras! se burló la liebre, con aire de suficiencia.
Yo de ti no me reiría contestó la tortuga, con tranquilidad.
Si quieres apostamos una carrera hasta ese estanque de patos añadió, desafiante.
Estás completamente loca exclamó la liebre, estallando en frenéticas carcajadas. Nunca podrías ganarme.
Y para que todo sea legal, nombraremos al zorro como juez de la carrera propuso la tortuga.
Como quieras contestó la liebre, sin parar de reír. Mandaron a buscar al zorro, que era un experto en esta clase de asuntos. El zorro dispuso todo para la carrera y dio la largada. La liebre arrancó como una exhalación y en pocos segundos se perdió de vista. La tortuga, sin dejarse impresionar, avanzó con su paso natural.
Luego de avanzar un buen tramo y en cuanto divisó la meta en lo alto de la montaña, la liebre dio la carrera por ganada y le restó toda la importancia. Tan segura estaba de ser la triunfadora que se dijo:
Un poco de sueño no me caería mal y se echó a dormir, no sin antes haraganear un rato por ahí.
La tortuga, entre tanto mantuvo firme y constante su paso.
Cuando la liebre despertó y se dispuso a correr hasta la meta, ya la tortuga había llegado y el zorro la declaraba ganadora, en medio de los aplausos de la multitud de animales que se había reunido para ver el final de la carrera.
Te dormiste sobre los laureles le dijo el zorro a la liebre, al verla consternada y todavía sin salir de su asombro.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31)
Que Dios te bendiga.
Un abrazo
Tu Amigo: Carlos Félix.
Escríbenos a:
alimentoparalamente@gmail.com
alimentoparalamente@hotmail.com
Visite:
www.alimentoparalamente.blogspot.com
www.jesusnoshabla.blogspot.com
17. LA SOLIDARIDAD
17. LA SOLIDARIDAD
Cuando dos o más personas se unen y colaboran mutuamente para conseguir un fin común, hablamos de solidaridad.
La solidaridad es un valor de gran trascendencia para el género humano, pues gracias a ella no solo ha alcanzado los más altos grados de civilización y desarrollo tecnológico a lo largo de su historia , sino que ha logrado sobrevivir y salir adelante luego de los más terribles desastres(guerras, pestes, incendios, terremotos, inundaciones, etc.) Es tan grande el poder de la solidaridad, que cuando la ponemos en práctica nos hacemos inmensamente fuertes y podemos asumir sin temor los más grandes desafíos, al tiempo que resistimos con firmeza los embates de la adversidad. La solidaridad, cuando persigue una causa noble y justa(porque los hombres también se pueden unir para hacer daño), cambia el mundo, lo hace mejor, más habitable y más digno.
Una persona sola tiene mas dificultades para enfrentar la vida que dos o tres que se ayudan entre sí.
Aprendiendo a compartir, ayudándose mutuamente, los hombres superan obstáculos y resuelven problemas.
Las personas solidarias están siempre dispuestas a tender la mano a quienes lo necesiten.
Es lindo oír: "Yo te presto si te falta algo"; te ayudo si me necesitas"; comparto tus penas...".
Porque la solidaridad es todo eso, es lo contrario del egoísmo. El egoísta sólo piensa en sí mismo.
PARA SER SOLIDARIOS...
•Reflexionemos sobre la situación de todos aquellos menos favorecidos que nosotros y no cerremos los ojos frente a sus problemas y necesidades
•Si hay una causa en la que creemos y sabemos que podemos colaborar, no vacilemos en hacerlo.
LOS HIJOS DEL LABRADOR
Los dos hijos de un labrador no hacían más que pelearse. Reñían por cosas sin importancia, como a quién le correspondía el turno de manejar el arado, cuál era más rápido para limpiar los surcos, quién era el mejor montando a caballo, etc. cada vez que discutían dejaban de hablarse, y eran tan tercos y orgullosos que se negaban a cumplir sus deberes con tal de demostrarse entre sí lo necesarios e imprescindibles que eran. El resultado de estas frecuentes luchas era que la hacienda se quedaba sin quien la trabajara y cuidara de ella, con el gran riesgo que esto suponía.
Para ponerle fin a esta situación, el labrador, que era un hombre inteligente y sabía que sus hijos no atendían a discursos, decidió darles una buena lección.
Vayan al potrero que queda cerca del bosque, recojan todos los leños que encuentren y tráiganlos aquí, les ordenó. Los muchachos obedecieron a regañadientes, y una vez en el potrero empezaron a competir para ver quién recogía más leños, lo que dio lugar a otro enfado.
Cuando estuvieron ante su padre, este les dijo:
Junten todos los leños y amárrenlos fuertemente con esta cuerda.
Los muchachos hicieron los que su padre les pidió.
Veamos ahora quién es el más fuerte de los dos. Traten de partir este haz de leña.
Los hijos del labrador se dedicaron a ello con feroz empeño, poniendo los pies sobre el haz y jalando con todas sus fuerzas, primero por turnos y luego los dos juntos, y no pudieron partirlo por más que lo intentaron.
Derrotados, le declararon a su padre que esto era imposible.
Desaten el haz y traten ahora de partir los leños uno por uno les pidió.
No les costó mucho trabajo cumplir esta orden. A los pocos minutos todos los leños estaban partidos.
Lo mismo que les acababa de pasar a estos débiles leños le puede pasar a cualquiera de nosotros si nos separamos. La discordia no conviene cuando se trabaja por una misma causa. Si nos unimos en cambio, seremos muy fuertes y resistentes y nadie podrá hacernos daño con facilidad sentenció el labrador, con una sonrisa de satisfacción en los labios.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31)
Que Dios te bendiga.
Un abrazo
Tu Amigo: Carlos Félix.
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Cuando dos o más personas se unen y colaboran mutuamente para conseguir un fin común, hablamos de solidaridad.
La solidaridad es un valor de gran trascendencia para el género humano, pues gracias a ella no solo ha alcanzado los más altos grados de civilización y desarrollo tecnológico a lo largo de su historia , sino que ha logrado sobrevivir y salir adelante luego de los más terribles desastres(guerras, pestes, incendios, terremotos, inundaciones, etc.) Es tan grande el poder de la solidaridad, que cuando la ponemos en práctica nos hacemos inmensamente fuertes y podemos asumir sin temor los más grandes desafíos, al tiempo que resistimos con firmeza los embates de la adversidad. La solidaridad, cuando persigue una causa noble y justa(porque los hombres también se pueden unir para hacer daño), cambia el mundo, lo hace mejor, más habitable y más digno.
Una persona sola tiene mas dificultades para enfrentar la vida que dos o tres que se ayudan entre sí.
Aprendiendo a compartir, ayudándose mutuamente, los hombres superan obstáculos y resuelven problemas.
Las personas solidarias están siempre dispuestas a tender la mano a quienes lo necesiten.
Es lindo oír: "Yo te presto si te falta algo"; te ayudo si me necesitas"; comparto tus penas...".
Porque la solidaridad es todo eso, es lo contrario del egoísmo. El egoísta sólo piensa en sí mismo.
PARA SER SOLIDARIOS...
•Reflexionemos sobre la situación de todos aquellos menos favorecidos que nosotros y no cerremos los ojos frente a sus problemas y necesidades
•Si hay una causa en la que creemos y sabemos que podemos colaborar, no vacilemos en hacerlo.
LOS HIJOS DEL LABRADOR
Los dos hijos de un labrador no hacían más que pelearse. Reñían por cosas sin importancia, como a quién le correspondía el turno de manejar el arado, cuál era más rápido para limpiar los surcos, quién era el mejor montando a caballo, etc. cada vez que discutían dejaban de hablarse, y eran tan tercos y orgullosos que se negaban a cumplir sus deberes con tal de demostrarse entre sí lo necesarios e imprescindibles que eran. El resultado de estas frecuentes luchas era que la hacienda se quedaba sin quien la trabajara y cuidara de ella, con el gran riesgo que esto suponía.
Para ponerle fin a esta situación, el labrador, que era un hombre inteligente y sabía que sus hijos no atendían a discursos, decidió darles una buena lección.
Vayan al potrero que queda cerca del bosque, recojan todos los leños que encuentren y tráiganlos aquí, les ordenó. Los muchachos obedecieron a regañadientes, y una vez en el potrero empezaron a competir para ver quién recogía más leños, lo que dio lugar a otro enfado.
Cuando estuvieron ante su padre, este les dijo:
Junten todos los leños y amárrenlos fuertemente con esta cuerda.
Los muchachos hicieron los que su padre les pidió.
Veamos ahora quién es el más fuerte de los dos. Traten de partir este haz de leña.
Los hijos del labrador se dedicaron a ello con feroz empeño, poniendo los pies sobre el haz y jalando con todas sus fuerzas, primero por turnos y luego los dos juntos, y no pudieron partirlo por más que lo intentaron.
Derrotados, le declararon a su padre que esto era imposible.
Desaten el haz y traten ahora de partir los leños uno por uno les pidió.
No les costó mucho trabajo cumplir esta orden. A los pocos minutos todos los leños estaban partidos.
Lo mismo que les acababa de pasar a estos débiles leños le puede pasar a cualquiera de nosotros si nos separamos. La discordia no conviene cuando se trabaja por una misma causa. Si nos unimos en cambio, seremos muy fuertes y resistentes y nadie podrá hacernos daño con facilidad sentenció el labrador, con una sonrisa de satisfacción en los labios.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31)
Que Dios te bendiga.
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18. LA TOLERANCIA
18. LA TOLERANCIA
La tolerancia es la expresión más clara del respeto por los demás, y como tal es un valor fundamental para la convivencia pacífica entre las personas. Tiene que ver con el reconocimiento de los otros como seres humanos, con derecho de ser aceptados en su individualidad y su diferencia. El que es tolerante sabe que si alguien es de una raza distinta de la suya o proviene de otro país, otra cultura, otra clase social, o piensa distinto de él no por ello es rival o enemigo.
Cuando se presentan conflictos, las personas tolerantes no acuden a la violencia para solucionarlos, porque saben que la violencia engendra más violencia. Prefieren dialogar con sus oponentes y buscar puntos de acuerdo. Sin embargo, debemos ser tolerantes pero pasivos. Hay situaciones frente a las cuales nuestro deber, lejos de quedarnos callados, es protestar con energía.
PARA SER TOLERANTES...
•Pongámonos en el lugar de los otros para tratar de entender sus problemas y su manera de actuar.
•Escuchemos sin interrumpir y demos a los demás la oportunidad de expresarse.
•Veamos en la diversidad de razas y culturas una señal de la riqueza y amplitud del mundo, en lugar de motivos de confianza.
LA RANA Y LA SERPIENTE
Un bebé rana saltaba por el campo, feliz de haber dejado de ser renacuajo, cuando se encontró con un ser muy raro que se arrastraba por el piso. Al principio se asustó mucho, pues jamás en su corta vida había visto un gusano tan largo y tan gordo.
Además, el ruido que hacía al meter y sacar la lengua de su boca era como para ponerle la piel de gallina a cualquier rana.
Se trataba en verdad de un bicho raro, pero tenía, eso sí, los colores más hermosos que el bebé rana había visto jamás. Este vistoso colorido alegró inmensamente al bebé rana y le hizo abandonar de un momento a otro sus temores. Fue así como se acercó y le habló. ¡Hola! dijo el bebé rana, con el tono de voz natural y selvática que encontró. ¿Quién eres tú?¿qué haces arrastrándote por el piso?
Soy un bebé serpiente contestó el ser, con una voz llena de silbidos, como el aire se le escapara sin control por entre los dientes. Las serpientes caminamos así. Quieres que te enseñe.
¡Sí, si! exclamó el bebé rana, impulsándose hacia arriba con sus dos larguísimas patas traseras, en señal de alegría.
El bebé serpiente le dio entonces unas cuantas clases del secreto arte de arrastrarse por el piso, en el que ninguna rana se había aventurado hasta entonces. luego de un par de horas de intentos fallidos, en los que el bebé rana tragó tierra por montones y terminó con la cabeza clavada en el suelo y sus largas patas agitándose en el aire, pudo por fin avanzar algunos metros, aunque de forma bastante cómica.
Ahora quiero enseñarte a saltar. ¿Te gustaría? le preguntó el bebé rana a su nuevo amigo.
¡Encantado! repuso el bebé serpiente, haciendo remolinos en suelo, de la emoción.
Para el bebé serpiente fue tan difícil aprender a saltar como para el bebé rana aprender a arrastrarse por el piso. Fueron precisas más de dos horas para que el bebé serpiente pudiera despegar del suelo por completo su larguísimo cuerpo. Al fin lo logró, se veía tan gracioso cuando se elevaba y chapoteaba tan fuertemente entre el barro después de cada salto, que los dos amigos no podían menos que reírse a carcajadas. Así pasaron toda la mañana, divirtiéndose y burlándose amistosamente el uno del otro. Y hubieran seguido todo el día si sus respectivos estómagos no hubieran empezado a crujir, recordándoles que era hora de comer.
Al llegar a la casa el bebé rana le dijo a su mamá mira lo que aprendí a hacer. Y de inmediato se puso a arrastrarse por el piso, orgulloso de lo que había aprendido.
¿Quién te enseñó a hacer eso? gritó la mamá rana furiosa, un bebé serpiente de colores que conocí esta mañana contestó el bebé rana.
¿No sabes que la familia serpiente y la familia rana somos enemigas? siguió tronando mamá rana. Te prohíbo terminantemente que te vuelvas a ver con ese bebé serpiente.
¿Por qué?, porque las serpientes no nos gustan, y punto. Son venenosas y malvadas. Además, nos tienen odio.
Pero si el bebé serpiente no me odia. Él es mi amigo replicó el bebé rana, con lágrimas en los ojos.
Cuando el bebé serpiente llegó a su casa le ocurrió algo similar.
¿Quién te enseño a saltar de esa manera tan ridícula? le preguntó su mamá, parándose en la cola de rabia. Un bebé rana graciosísimo que conocí esta mañana. ¡Las ranas y las serpientes no pueden andar juntas!¡qué vergüenza!¡la próxima vez que te encuentres con ese bebé rana, mátalo y cómetelo!
¿Por qué? preguntó el bebé serpiente.
Porque las serpientes siempre han matado y se han comido a las ranas. Así ha sido y tiene que seguir siendo siempre.
Al día siguiente, a la hora de la cita, el bebé rana y el bebé serpiente no se saludaron. Se mantuvieron alejados el uno del otro, mirándose con desconfianza y recelo, aunque con una profunda tristeza en el corazón.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31)
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La tolerancia es la expresión más clara del respeto por los demás, y como tal es un valor fundamental para la convivencia pacífica entre las personas. Tiene que ver con el reconocimiento de los otros como seres humanos, con derecho de ser aceptados en su individualidad y su diferencia. El que es tolerante sabe que si alguien es de una raza distinta de la suya o proviene de otro país, otra cultura, otra clase social, o piensa distinto de él no por ello es rival o enemigo.
Cuando se presentan conflictos, las personas tolerantes no acuden a la violencia para solucionarlos, porque saben que la violencia engendra más violencia. Prefieren dialogar con sus oponentes y buscar puntos de acuerdo. Sin embargo, debemos ser tolerantes pero pasivos. Hay situaciones frente a las cuales nuestro deber, lejos de quedarnos callados, es protestar con energía.
PARA SER TOLERANTES...
•Pongámonos en el lugar de los otros para tratar de entender sus problemas y su manera de actuar.
•Escuchemos sin interrumpir y demos a los demás la oportunidad de expresarse.
•Veamos en la diversidad de razas y culturas una señal de la riqueza y amplitud del mundo, en lugar de motivos de confianza.
LA RANA Y LA SERPIENTE
Un bebé rana saltaba por el campo, feliz de haber dejado de ser renacuajo, cuando se encontró con un ser muy raro que se arrastraba por el piso. Al principio se asustó mucho, pues jamás en su corta vida había visto un gusano tan largo y tan gordo.
Además, el ruido que hacía al meter y sacar la lengua de su boca era como para ponerle la piel de gallina a cualquier rana.
Se trataba en verdad de un bicho raro, pero tenía, eso sí, los colores más hermosos que el bebé rana había visto jamás. Este vistoso colorido alegró inmensamente al bebé rana y le hizo abandonar de un momento a otro sus temores. Fue así como se acercó y le habló. ¡Hola! dijo el bebé rana, con el tono de voz natural y selvática que encontró. ¿Quién eres tú?¿qué haces arrastrándote por el piso?
Soy un bebé serpiente contestó el ser, con una voz llena de silbidos, como el aire se le escapara sin control por entre los dientes. Las serpientes caminamos así. Quieres que te enseñe.
¡Sí, si! exclamó el bebé rana, impulsándose hacia arriba con sus dos larguísimas patas traseras, en señal de alegría.
El bebé serpiente le dio entonces unas cuantas clases del secreto arte de arrastrarse por el piso, en el que ninguna rana se había aventurado hasta entonces. luego de un par de horas de intentos fallidos, en los que el bebé rana tragó tierra por montones y terminó con la cabeza clavada en el suelo y sus largas patas agitándose en el aire, pudo por fin avanzar algunos metros, aunque de forma bastante cómica.
Ahora quiero enseñarte a saltar. ¿Te gustaría? le preguntó el bebé rana a su nuevo amigo.
¡Encantado! repuso el bebé serpiente, haciendo remolinos en suelo, de la emoción.
Para el bebé serpiente fue tan difícil aprender a saltar como para el bebé rana aprender a arrastrarse por el piso. Fueron precisas más de dos horas para que el bebé serpiente pudiera despegar del suelo por completo su larguísimo cuerpo. Al fin lo logró, se veía tan gracioso cuando se elevaba y chapoteaba tan fuertemente entre el barro después de cada salto, que los dos amigos no podían menos que reírse a carcajadas. Así pasaron toda la mañana, divirtiéndose y burlándose amistosamente el uno del otro. Y hubieran seguido todo el día si sus respectivos estómagos no hubieran empezado a crujir, recordándoles que era hora de comer.
Al llegar a la casa el bebé rana le dijo a su mamá mira lo que aprendí a hacer. Y de inmediato se puso a arrastrarse por el piso, orgulloso de lo que había aprendido.
¿Quién te enseñó a hacer eso? gritó la mamá rana furiosa, un bebé serpiente de colores que conocí esta mañana contestó el bebé rana.
¿No sabes que la familia serpiente y la familia rana somos enemigas? siguió tronando mamá rana. Te prohíbo terminantemente que te vuelvas a ver con ese bebé serpiente.
¿Por qué?, porque las serpientes no nos gustan, y punto. Son venenosas y malvadas. Además, nos tienen odio.
Pero si el bebé serpiente no me odia. Él es mi amigo replicó el bebé rana, con lágrimas en los ojos.
Cuando el bebé serpiente llegó a su casa le ocurrió algo similar.
¿Quién te enseño a saltar de esa manera tan ridícula? le preguntó su mamá, parándose en la cola de rabia. Un bebé rana graciosísimo que conocí esta mañana. ¡Las ranas y las serpientes no pueden andar juntas!¡qué vergüenza!¡la próxima vez que te encuentres con ese bebé rana, mátalo y cómetelo!
¿Por qué? preguntó el bebé serpiente.
Porque las serpientes siempre han matado y se han comido a las ranas. Así ha sido y tiene que seguir siendo siempre.
Al día siguiente, a la hora de la cita, el bebé rana y el bebé serpiente no se saludaron. Se mantuvieron alejados el uno del otro, mirándose con desconfianza y recelo, aunque con una profunda tristeza en el corazón.
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31)
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