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martes, 13 de mayo de 2008

4. LA GENEROSIDAD

4. LA GENEROSIDAD

La generosidad es una de las más claras manifestaciones de nobleza de espíritu y grandeza de corazón que pueda dar una persona. Los que son generosos son ricos, pero no en dinero y cosas materiales, sino en la capacidad de ofrecer a otros lo más preciado de sí mismos.
Es generoso quien perdona las grandes ofensas, quien puede sacrificar su comodidad y sus privilegios en aras de conseguir lo mejor para los demás.

PARA SER GENEROSOS...
• Aprendamos a regalar aquello que tenemos en abundancia: alegría. Por ejemplo.
• Hay personas que solo pueden dar alegría, ya que es lo que más tienen. Pero en la medida en que otros reciben este regalo, pareciera que la alegría se multiplicara.

EL CIEGO DE ESQUIPULAS

Hace más de doscientos años, en la ciudad de Esquipulas, Guatemala, vivieron dos personajes que hoy forman parte de las leyendas populares de ese país. Sus nombres eran Juan y Blas.
Juan descendía de una familia muy rica de la región y había heredado una gran fortuna, pero era ciego de nacimiento y no hacía más que quejarse de su desgracia. Los habitantes del pueblo habían sentido mucha compasión por él desde pequeño, pero en cuanto creció, Juan comenzó a tratarlos con desprecio y arrogancia, sobre todo después que murieron sus padres y heredó todo su dinero.
No ayudaba a nadie, así se estuviera muriendo, y su fama de ávaro se extendió por toda la región. Blas, por su parte, era un campesino pobre, conocido por su gran corazón, su generosidad y su excelente sentido del humor. Apenas tenía con qué comer y con qué vestirse, pero siempre se le veía satisfecho y contento, dándole gracias a la vida por ofrecerle todo lo que necesitaba para mantenerse vivo y saludable.
Era el único habitante de Esquipulas por el que el ciego Juan sentía cierto aprecio. Habían sido compañeros de juegos en la infancia y Blas, además de hacerlo reír mucho, nunca le pedía dinero prestado. Por esta última razón, sobre todo, Juan lo consideraba su amigo. Un día la mujer de Blas se enfermó. Faltaban dos días para que al pobre hombre le pagaran su jornal en la plantación donde trabajaba, y necesitaba dinero para llevarla al médico. No podía pedírselo a ninguno de sus compañeros de trabajo pues todos eran tan pobres como él, ni tampoco a los dueños de la plantación, ya que estaban en la ciudad y solo regresaría el día del pago. Se lo pidió entonces a Juan, con la promesa de que se lo devolvería a los días. Se indignó y empezó a lloriquear, maldiciendo su suerte e insultando a Blas por atreverse a pedirle dinero a un pobre ciego como él, que no tenía con que más valerse en la vida. Blas lo tranquilizó y le dijo que no se preocupara, que todavía quedaba el Señor de Esquipulas, y que allí se dirigiría a rezar.
Rezó con todas sus fuerzas, pidiéndole por la salud de su mujer y regresó cansado a su casa, con una sonrisa de tranquilidad en su cara. Al día siguiente la mujer de Blas amaneció curada, y la noticia del milagro se regó por toda la ciudad. El ciego Juan, entusiasmado, le pidió a Blas que lo llevara donde el Señor de Esquipulas para que lo curara de su ceguera. Blas lo llevó y le ayudó a rezar con fuerza y devoción. En un momento del rezo, gracias a la generosa entrega de Blas, el ciego Juan recuperó la vista. Lo primero que hizo en cuanto pudo ver fue lanzar una cadena de oro hacia donde se encontraba la imagen sagrada.
La curación de Juan causó gran conmoción en la ciudad. Todos quisieron saber cómo había sido el milagro. Juan los reunió a todos en la plaza y les informó que tal milagro no se habría producido si él no le hubiese regalado una cadena de oro al Señor de Esquipulas.
No había acabado de decir esto cuándo quedó ciego otra vez.

“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12:31)
Que Dios te bendiga.
Un abrazo
Tu Amigo: Carlos Félix.

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